sábado, 31 de diciembre de 2016

¿De qué se reían en la antigüedad?

A manera de despedida de este año 2016, aquí les dejo una colección de chistes que se contaban en la antigüedad lo que nos ilustra que ya, desde entonces, el humor era bien apreciado. Que lo disfruten.

Pitonisas y adivinos

Un adivino le dijo a un hombre: “Eres incapaz de tener hijos”. Cuando el hombre contestó que tenía 7, el vidente respondió: “Ah, ¿si? Fíjate bien en ellos”

Un hombre fue a ver a una pitonisa para preguntarle por la salud de su familia. La pitonisa contestó: “todos están bien, sobre todo tu padre”. El hombre le dijo que su padre llevaba diez años muertos, y el adivino dijo: “No tienes ni idea de quién es tu verdadero padre”

Una madre llevó a su hijo enfermo a un vidente. Le leyó el futuro y le dijo que no se preocupase que tenía muchos años por delante, y le pidió que le pagase sus honorarios. Cuando la madre dijo, “mañana se los pagaré”, el vidente, contrariado, respondió: “Pero, ¿y si el niño muere durante la noche y pierdo mis honorarios?”

Machistas y misóginos

Un misógino asiste al entierro de su mujer. Alguien le pregunta: “¿Quién descansa aquí?” El viudo responde: “¡Yo, ahora que me he librado de ella!”

Cuando un misógino enfermó, su esposa le dijo: “Si te mueres, me suicido”; el enfermo alzó la vista y le dijo: “Hazme un favor y suicídate mientras que todavía estoy vivo”

Tontos e idiotas

[en esta época los abderitas (habitantes de Abdera, Tracia) tenían fama de tontos, algo así como los gallegos]

Un abderita soñó que pisaba un clavo. Al despertar, se vendó el pie. Un colega lo vio y le preguntó qué hacía. Al oír la explicación, dijo: “¡No me extraña que te digan tonto! ¿Cómo se te ocurre dormir descalzo?”

Un abderita se acuesta con su abuela, es sorprendido por su padre y recibe una paliza. El abderita, entre sollozos, se queja: “¡Tú te has acostado con mi madre muchas veces y yo no digo nada! ¿Por qué me pegas por acostarme una sola vez con la tuya?”

A un abderita le extirpan la campanilla y el médico le ordena que no hable. Así, cuando alguien le saluda, es su esclavo quien responde. Luego él, les dice: “No te ofendas; es que el médico me ha prohibido hablar”

Un abderita vió a un eunuco hablando con una mujer y le preguntó si era su esposa. El eunuco contestó que era un eunuco, y por tanto no tenía mujer. El abderite preguntó: “Ah, entonces, ¿es tu hija?”

Un abderita siguió la costumbre e incineró a su padre muerto. Él corrió a su casa y le dijo a su madre enferma: “Todavía quedan algunos troncos por quemar. Si quieres dejar de sufrir, los aprovechamos y te incinero con ellos”

Filósofos y eruditos

Un filósofo se encontraba frente a un pozo en una casa en el campo y preguntó si el agua era potable.  El campesino le dijo que sí, que sus padres ya habían bebido del pozo. El filósofo, sorprendido, dijo: ¡Qué largos debían ser sus cuellos si podían beber de un sitio tan profundo!

Un erudito fue a visitar a un amigo que estaba muy enfermo. Su mujer le dijo que su marido “ya se había marchado”. El erudito le contestó: “Cuando vuelva, ¿le puedes decir que he pasado a verle?”

Un amigo le dijo a un filósofo: “¡Felicidades! He oído que tu mujer acaba de tener un hijo”. El filósofo, con cara de pocos amigos, le contestó: “Si, gracias a amigos como tú”.

Un erudito compró unos pantalones, pero no podía ponérselos porque le iban muy apretados. Así que se depiló las piernas.

Mal aliento

Un hombre con mal aliento preguntó a su esposa: “¿por qué me odias?” Y ella respondió: “Porque me amas”

Un actor que era un bromista era amado por dos mujeres, una con mal aliento y la otro con axilas hediondas. Una le dijo: “Dame un beso”. Y la otra: “Dame un abrazo”. El actor declamó: “¿Qué debo hacer? Estoy entre dos males”

Varios

Un hombre en el médico: “Doctor, cuando me levanto estoy mareado, pero media hora después ya estoy bien”. El doctor le recomienda: “Pues levántese media hora más tarde”.

Un hombre pregunta a su mujer libidinosa: “¿Qué hacemos, cariño? ¿Comer o fornicar?”. A lo que su mujer contestó: “Lo que quieras, pero no tenemos ni una miga de pan”.

Un hombre joven atendía a una mujer y le dijo a sus dos esclavos: “Que uno le traiga una bebida a la señorita y el otro le haga el amor”. La mujer respondió: “No tengo sed”

Cuando un bromista vio a un proxeneta alquilar los servicios de una prostituta negra, le preguntó: “¿Cuál es su tarifa para la noche?”

Un hombre lleva el cuerpo de su padre muerto a los embalsamadores egipcios en Alejandría. Cuando va a recuperarlo, el embalsamador, que tiene varios cuerpos, le pregunta si su padre tenía señales particulares que lo identifiquen. “Una tos fuerte”, responde el hijo.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

¡Tenía que ser el japonés!

Es el primer día de clases en una escuela americana, y la maestra presenta a Susuki, hijo de un empresario japonés, a los chicos de sexto grado:

La maestra les dice: 
- Empezaremos repasando un poco de la historia de nuestro país. A ver niños, ¿quién dijo: ¿Denme la libertad o denme la muerte?

La clase toda se quedó callada, excepto por Susuki: 
- Lo dijo Patrick Henry en1775.

- ¡¿Muy bien muchachito! a ver ahora ¿quién dijo: El gobierno del pueblo, para el pueblo no debe desaparecer de la faz de la tierra?

De nuevo, ninguna respuesta de la clase, salvo Susuki: 
- Abraham Lincoln en 1863

La maestra, asombrada, les dice: 
- Chicos, debería darles vergüenza. Susuki, que es nuevo en nuestro país sabe más de nuestra historia que ustedes...

La maestra alcanza a escuchar un susurro: 
- ¡A la mierda con los malditos japoneses!
- ¿Quién dijo eso? Preguntó la maestra...

Nuevamente Susuki levanta la mano y responde:
El general Mc Arthur en 1942 y Lee Iacocca en 1982.

La clase queda muda y uno de los chicos alcanza a decir:
- Voy a vomitar...

La maestra trata de ver quién fue el irrespetuoso: 
- ¡Ya está bien!, ¿Quién dijo eso?

Y Susuki dice:
- George Bush padre al Primer ministro japonés en 1991.

Uno de los alumnos, animado, le grita desde el fondo:
- ¡Chúpate esa!

Susuki, casi saltando en su silla, le dice a la maestra:
- ¡Bill Clinton a Mónica Lewinsky en 1997!

sábado, 3 de diciembre de 2016

Las gafas de rayos X

Pacorro, un andaluz que anda de viaje en Japón, se compra un par de nuevas gafas con lo último en tecnología que permiten ver a la gente sin ropa.

Pacorro se pone las gafas y ve pasar a una persona y a otra y a otra. Todas sin ropa, Paco está fascinado.

Se pone las gafas, las ve sin ropa.

Se las quita, y están vestidas.

Se las pone de nuevo, y sin ropa.

Se las quita, y de nuevo vestidas.

¡¡¡Por Santiago de Compostela!!!, exclamó, esto es una verdadera maravilla!

Pacorro, emocionado, adelanta el viaje de vuelta a casa para enseñarle y sorprender a su mujer con la novedad.

En el avión, se siente enloquecido viendo a las azafatas en pelotas.

Se pone las gafas, las azafatas sin ropa.

Se las quita, y están vestidas.

Se las pone de nuevo, y las pasajeras sin ropa.

Se las quita, y están vestidas.

Cuando Pacorro llega emocionado a casa, se coloca las supergafas antes de abrir la puerta para poder ver a Luisa, su mujer, sin ropa.

Al abrir la puerta, allí está ella, su querida, hermosa y sensual esposa, con Pedro, su mejor amigo. En el sofá y ¡sin ropa!

Pacorro se quita las gafas, y la ve sin ropa.

De nuevo se pone las gafas, y otra vez sin ropa.

Se las vuelve a quitar y... de nuevo sin ropa.

Se las vuelve a poner... sin ropa.

Y Pacorro, en el colmo de la desesperación no puede evitar exhalar un grito desgarrador:

¡¡¡Maldición!!! ¡¡¡Estas inches gafas ya no funcionan!!! ¡¡¡Chinas tenían que ser!!!

domingo, 13 de noviembre de 2016

Prueba de aptitudes superada


En una institución política, es preciso cubrir una plaza de asesor de un diputado del Partido Robolucionario Intencional. El encargado de reclutar al candidato, decide practicarles un test fácil a los tres aspirantes de acuerdo con el perfil del puesto, y consiste en que le cuenten del 1 al 10.

Llega el primer candidato y comienza a enumerar:

- Uno, tres, cinco, siete, nueve...

- Un momento joven ¿por qué sólo menciona los impares?

- Bueno, es que en mi puesto anterior fui cartero comercial y, como sabe, las casas van numeradas en pares o impares de acuerdo al lado de la calle...

- Muchas gracias, que entre el próximo candidato.

El siguiente entra, inhala aire profundamente, se acaricia los dedos y comienza su retahíla:

- Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco...

- Alto, alto, ¿usted siempre cuenta en forma inversa?

- Es que, verá usted, yo fui durante mucho tiempo quien daba la orden de salida en las carreras contrarreloj y se me ha quedado la costumbre.

- Que pase el último candidato, por favor.

- Un momento, antes de empezar, ¿podría decirme que trabajo tenía usted antes?

- Sí señor, mi trabajo anterior era de funcionario, le contesta el candidato.

- Muy bien, empiece.

- Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, sota caballo y rey.


- ¡¡¡Contratado!!!

viernes, 4 de noviembre de 2016

El último suspiro

Don Jodencio, viejo avaro de 99 años de edad, lleva ya diez días postrado en la cama y su salud empeora cada día. Su médico de cabecera, su abogado y notario, su joven y última esposa, y sus "amantísimos" hijos están esperando con “tristeza” el suspiro final, cuando súbitamente, don Jodencio se sienta, mira a su alrededor, de izquierda a derecha y dice amargamente:

- Buitres, asesinos, ladrones, mal agradecidos, gorrones, muertos de hambre, traidora, y se vuelve acostar quedando, inmediatamente, dormido profundamente.

El doctor un poco confundido al tiempo que emocionado, dice a los familiares:

- Yo creo que está mejorando.
Apunta el matasanos

- ¿Por qué lo dice, doctor? –
Pregunta inocentemente Cuernocopia, la esposa.


- Porque nos ha reconocido a todos.


sábado, 29 de octubre de 2016

El gato que vuelve a casa

Pedro odia al gato de su mujer porque, cada vez que se acerca a ella, éste no hace más que arañarle a traición sin que la esposa se dé cuenta y, harto de la conducta del gato, decide que ya es tiempo de deshacerse de él.

Lo mete en una bolsa negra de manera que el gato no pudiera ver y lo lleva en el coche a 20 kilómetros de su casa, donde lo deja abandonado.
Cuando vuelve a casa, el gato está sentado tranquilamente en el portal de la casa.

Nervioso, Pedro repite la operación, pero ahora lo abandona a 40 kilómetros de su casa, en un basurero a orillas de la ciudad. Cuando Pedro vuelve a su hogar, de nuevo el gato está esperándolo, sonriente, en la puerta.

El hombre enfadado decide tomar otra estrategia que, de seguro, desorientará al gato; agarra al gato, lo pone en el coche y recorre 93 kilómetros al este, 30 al norte, 27 al oeste y 25 hacia el sur... Suelta el gato y emprende el regreso a casa a toda velocidad.

Al cabo de un rato, Pedro llama a su mujer por el móvil y le dice:
- Cariño, ¿el gato está por ahí?
- Acaba de llegar, ¿por qué, querido?
- ¡¡¡Pon a ese desgraciado al teléfono, que me he perdido!!!




miércoles, 26 de octubre de 2016